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Autor Tema: «Lo peor son el Whatsapp y las redes»  (Leído 749 veces)

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«Lo peor son el Whatsapp y las redes»
« en: Miércoles 26 de Febrero de 2020. 09:32 horas. »

«Lo peor son el Whatsapp y las redes»

Pioneras. Beatriz Villoria, Rebeca Marcos y Marta Cardo sirven en la especialidad de Tráfico de la Guardia Civil en la región con un fin común: ayudar a evitar siniestros.

Llevan en la Especialidad de Tráfico de la Guardia Civil algo más de un cuarto de siglo, aunque en la Benemérita sirven desde hace mucho más. Los tiempos han cambiado mucho desde aquel 1948 en que entraron como matronas, una «especie de secretarias sin pistola que cacheaban a las detenidas o ayudaban en aduanas, sin instrucción militar, sin igualdad en el salario y normalmente 'hijas del Cuerpo'».


Así lo cuenta, en el Cuartel del Rubín, Marta Cardo Berdasco, una guardia motorista de Fuertes de Corbero (Cangas del Narcea) que entró en la Guardia Civil en 2003 y en Tráfico en 2007, y que en marzo de 2008 sobrevivió a un atentado con coche bomba en Calahorra «gracias a la Virgen del Pilar, según mi madre». Ella, por si acaso, no quita del interior de su tricornio una estampa que le puso su madre. La misma madre que cuando Marta, de niña, le dijo que quería ser guardia, «como los del cuartel de al lado de casa», le respondía: «Hija, eso es cosa de hombres». Hoy no hay madre más orgullosa de su hija en todo Cangas.

Su compañera y cabo primera Beatriz Villoria, ovetense y con las mismas fechas de entrada en el Cuerpo y en Tráfico, lleva una pequeña bandera española en su tricornio. Es también motorista. Y es 'hija y hermana del Cuerpo': Su padre y sus dos hermanos son guardias civiles.

«En casa, la única que no era guardia civil era mi madre, y se quedaba a veces viéndonos hablar de las incidencias del servicio».

Marta y Beatriz tienen un vínculo especial, como compañeras de formación y de destino. Junto a ellas, Rebeca Marcos, una gijonesa nacida en Oviedo que sirve en Atestados, sección básica para establecer cómo y por qué suceden los siniestros, qué responsabilidades hay, clave para que se adjudiquen las indemnizaciones les corresponden por ley a las víctimas. Y para ayudar a prevenir la repetición de lo indeseado, mediante la formación y el conocimiento.

Rebeca es algo más veterana. Entró en el Cuerpo en 1999 y en Tráfico, en 2006. Estuvo destinada en Alcanadre, un pueblo riojano administrativamente, pero vinculado a la izquierda abertzale y situado a unos metros de la frontera con Navarra, en el que 33 de sus habitantes habían sido condenados por diversos actos de cariz filoterrorista.

Fueron tiempos en los que Rebeca tuvo que afrontar desafíos para los que hay que tener los nervios muy bien templados y ello, además, aguantando «una insufrible diferencia de medios respecto a los que tenía a 500 metros: la Policía Foral.

Cuentan las tres que el hecho de ser mujeres en un Cuerpo históricamente masculino «causa en los ciudadanos más sorpresa que otra cosa. El respeto nos lo tienen igualmente, porque el respeto es al uniforme», y es Rebeca la que subraya una idea: «Los compañeros me suelen decir que soy 'una más', aunque yo ya sé que quieren decir que soy 'uno más'». Por supuesto, las tres tienen recuerdos de actitudes más retrógradas, que bien se pueden resumir en lo que una vecina de Alcanadre, de avanzada edad, se sintió autorizada a preguntarle a Rebeca: «¿Y usted tiene derecho a ser guardiesa?».

Mensajes mortales
Pero ¿qué es lo que realmente les importa más a Villoria, Cardo y Marcos? Su labor en la prevención de siniestros de tráfico. «Hoy, lo peor son el Whatsapp y las redes sociales». Relatan varios casos en los que han participado, bien en la asistencia a las víctimas, bien en la investigación de las circunstancias. El de una joven cuyo coche se empotró contra el de una pareja anciana. No había marcas de frenada, y lo que sí había era un selfi en su teléfono. Murió exhibiéndose, ya casi mata a dos personas más. El de un camionero que iba subiendo hacia La Espina desde Salas y a la vez iba gestionando una compra personal por Whatsapp. No la completó, igual que un colega que bajaba por la misma carretera y que no pudo completar ni el trayecto, ni los escasos meses que le quedaban para jubilarse. Tampoco había huellas de frenada en la desviada trayectoria del vehículo que causó el siniestro.

Rebeca, con una impresionante fuerza de ánimo, se encarga de redactar atestados de hechos como el último descrito, que le tocó de lleno. «En Atestados tienes que tener empatía y hasta amistad con la gente que está sufriendo un terrible e inesperado impacto emocional en ese momento». Marta interviene: «En ocasiones, no te hace falta decir nada. En cuanto te ven, los familiares saben a lo que vienes. Y lo normal no es que te pregunten cómo ha ocurrido, sino que lo nieguen y te pregunten '¿por qué?'. El cuerpo entra en 'shock', así que lo mejor es dar una explicación directa, sin entrar en detalles, porque no los reciben ni los integran. Lo fundamental es acompañar a los familiares, que no estén solos. Nunca nos vamos. Nos quedamos el tiempo que haga falta».

Y ello, a pesar de que hay que tener una pasta especial para enfrentarse a esas situaciones: «Yo he visto de todo -relata Rebeca-, desde gente que se ríe como parte de la negación, o que se desmayan, o que te pegan, o que responen con un 'vale, sí' muy frío como parte del proceso de negación» al que la inmensa mayoría acude de inmediato como vía de escape de una realidad insoportable.

-¿En serio le han pegado al acudir a informar a una familia de un accidente mortal?

-Varias veces. En 2008, en Valencia, un joven motorista que había salido de Chirivella tuvo un accidente mortal a las cinco y cuarto de la mañana. Todo fue muy rápido y a las seis menos cinco ya estaba dando la noticia a la familia. La madre del chico me pegó una bofetada, indignada, y preguntándome que si aquello era una broma de mal gusto. Durante una hora estuvo gritándome que era mentira, haciendo gestos de negación e intentando pegarme. Y no debes ni puedes dejarles solos en esa circunstancia. Beatriz Villoria toma el testigo: «Yo he tenido tres accidentes con niños, en los que todo se te graba en la memoria mucho más. Te acuerdas de todo, como me pasó, en Fuerteventura, con una familia holandesa. Ellos no sabían español y solo yo hablaba inglés. ¿Sabes lo que es tener delante a un niño de once años preguntándome 'where is my little bro?' Su hermano pequeño estaba en la ambulancia, en estado crítico, pero aún vivo, le quedaban minutos. No le puedes mentir, así que tuve que decirle: 'Está muy malito, los médicos le están ayudando'.»

La cabo Villoria es dura, pero se le rompe el gesto cuando recuerda momentos así, más aún porque «ellos iban circulando bien y por un error ajeno perdieron a su hijo, a su hermano...». Así que no están en absoluto dispuestas a ser tolerantes con las actitudes de riesgo al volante. Ni excesos de velocidad, ni uso de drogas o alcohol, ni utilización del móvil, ni imprudencias de las de «'si solo voy al lado de casa'». Beatriz pone un ejemplo claro: «Es un error fatal llevar a los niños sin cinturón, y no me vale que me digan aquello de 'será que el niño se ha soltado solo'. Hay que educarles, a los niños. Hay que guiarles con el ejemplo. Mi hija tiene 22 meses y ella misma me da el cinturón cuando la coloco en su sillita».

Por cierto, que los sistemas preventivos son objeto de especial atención: «Hay que tener un sistema realmente bueno de retención infantil. Preferiblemente Isofix, que ancla la sillita al vehículo. Las sillas que usan el cinturón del coche pueden producir el latigazo vertical que, en un niño, puede ser mortal, al desnucarle. No hay que escatimar en una sillita de seguridad. En ello va la vida de tu hijo», asegura. E insiste: «Es muy importante que a los más pequeños se les sitúe a contramarcha, porque el cuerpo absorbe mucho mejor el frenazo en esa posición».

Formación mejor que multa
Las tres insisten en que la multa no se puede negociar: «Las cuantías son las que son, y, aunque conductores como los italianos intentan negociar o los franceses se impresionan por nuestras multas -200 euros por usar el móvil, frente a los 20 que se imponen en Francia-, no se puede no multar. No por el dinero, sino porque el aviso no es tan eficaz como la multa a la hora de formar», explican.

Beatriz Villoria lo matiza: «Falta educación vial. La multa no es tan eficiente como un buen aprendizaje», como la profunda asunción de una serie de valores éticos, ya desde niños, para que los futuros conductores y ya usuarios de las vías como peatones o ciclistas tengan claro que una actitud irracional pone en riesgo su vida y la de los demás. Que no hay vuelta atrás.

El Plan Director de la Guardia Civil prevé la colaboración con los centros educativos para impartir esos contenidos, pero Marta, Rebeca y Beatriz recuerdan: «Nos tienen que reclamar los propios colegios».

Fuente.-https://www.elcomercio.es/sociedad/peor-whatsapp-redes-20200225005419-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F
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